Yo y mi casa …

Todos los días, Vidal Flores veía un versículo bíblico sencillo y familiar pegado afuera de su casa. Con el tiempo, eso cambió su vida… y la de muchos más.
El pastor Vidal Flores, de la iglesia FBC McAllen en Español, antes no quería saber nada del cristianismo. Ahora cree que el mensaje del Evangelio es la única forma en que las familias de su comunidad podrán experimentar una verdadera transformación. FOTO COMPARTIDA

Mucho antes de que Vidal Flores fuera pastor de una congregación hispana en McAllen, hacía todo lo posible por mantener el cristianismo fuera de su casa.

Cuando conoció a la mujer que se convertiría en su esposa, Faustina, Flores estaba atrapado en un ciclo de abuso de alcohol y drogas. Una noche, bajo los efectos de ambos, le pidió que se casara con él. Ella aceptó, pero luego le confesó algo que aún no le había dicho: que era seguidora de Jesucristo.

Él aceptó casarse con ella con una condición: no quería literatura cristiana en la casa, ni visitas de pastores ni de esos creyentes a los que él entonces llamaba “aleluyas”. Faustina respetó la condición… en teoría.

Un día puso una calcomanía afuera de la casa con las palabras de Josué 24:15: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”. Cuando Flores protestó, ella le recordó: “Dijiste que dentro de la casa. Esto es afuera”.

Lo dejó sin palabras, y como no discutió, veía la calcomanía todos los días. Con el tiempo, se aprendió el versículo de memoria.

Más de tres décadas después, esas palabras se convirtieron en la base de una realidad que el joven rebelde nunca hubiera imaginado. Hoy, Flores es pastor del ministerio en español de la Primera Iglesia Bautista de McAllen.

Faustina trabaja junto a él, sus hijos participan en el ministerio y la pequeña congregación hispana —que sobrevivió a años de transición y a una pandemia— está creciendo de nuevo.

Un campo misionero a las puertas de la iglesia

McAllen tiene una población estimada de 150,640 habitantes, y el 87% de sus residentes se identifica como hispano o latino. Además, alrededor del 74% de los residentes mayores de 5 años habla un idioma distinto al inglés en casa. Para la FBC McAllen, estas cifras representan mucho más que estadísticas. Representan un campo misionero prácticamente a las puertas de la iglesia.

Flores describe a McAllen como “un lugar de paso”, una ciudad fronteriza marcada por el movimiento constante de personas y familias. Este dinamismo supone uno de los retos del ministerio, pero también una oportunidad para compartir el evangelio con personas de diferentes orígenes.

La congregación de habla hispana se reúne los domingos para la escuela dominical y el culto de adoración, y los miércoles para el estudio bíblico. Recientemente terminaron una serie basada en Hechos 2:42–47, en la que analizaron las características de la iglesia primitiva: la enseñanza, la comunión, la oración y el partimiento del pan.

Flores quiere que esos principios vayan más allá de un simple estudio bíblico. Cada dos meses, la congregación celebra los cumpleaños de sus miembros con un momento de comunión y los anima a traer invitados. Reparten tratados, oran específicamente por las personas que aún no conocen a Cristo y usan sus plataformas digitales para invitar a otros.

Sin embargo, una de sus estrategias principales es mucho más sencilla: el seguimiento. Cuando alguien visita la iglesia durante la semana, se aseguran de contactarlo por carta o por teléfono. Si la persona sigue asistiendo, buscan otras oportunidades para conocerla mejor y hacerle saber que es importante para la congregación. Faustina ayuda a coordinar este esfuerzo manteniendo una lista de personas con las que quieren mantenerse en contacto.

“Necesitan sentir el amor, el amor que tenemos porque tenemos a Cristo”, dijo Flores.

Para él, no es sólo una estrategia de crecimiento. Es lo que Dios usó en su propia vida.

“Necesitan sentir el amor, el amor que tenemos porque tenemos a Cristo.”

Una vida tocada por la gracia

Flores creció en Reynosa, Tamaulipas, México, justo al otro lado del Río Grande, frente a McAllen. Cuando tenía 11 años, perdió a su papá, quien había profesado su fe en Cristo y estaba gravemente enfermo.

Flores recuerda que algunos creyentes vinieron a orar por él, asegurándole que Dios haría un milagro. Su papá murió esa noche.

En lugar de acercarlo más a Dios, la experiencia lo llevó a la rebelión.

“Caí en todo tipo de vicios”, dijo.

Con el paso de los años, el alcohol y las drogas terminaron controlando gran parte de su vida. En una ocasión, sufrió una sobredosis de drogas y lo dejaron tirado cerca de unos botes de basura. Faustina lo encontró mientras tenía convulsiones y clamó a Dios por la vida de su esposo.

Unos días después, cerca de su cumpleaños en 1991, Flores recuerda haber tenido otra experiencia que lo enfrentó profundamente a su propia mortalidad.

Esa noche, empezó a sentirse raro físicamente, como si su vida se estuviera desvaneciendo. Pensando que su cuerpo necesitaba lo que estaba acostumbrado, intentó volver a las drogas, pero dice que no pudo hacerlo. Intentó beber alcohol y tampoco pudo. Lo mismo pasó cuando intentó fumar.

Fue en ese momento cuando Flores se dio cuenta de que ya no quería seguir huyendo de Dios.

“Le dije: ‘Dios, ya no voy a luchar más contra ti’”, contó.

Flores se rindió y le prometió al Señor que lo serviría si Él transformaba su vida. Al salir de su habitación, notó que algo había cambiado de inmediato.

“Ya no me tiemblan las manos”, le dijo a Faustina. “Dios está haciendo algo en mi vida”.

Entonces pasó algo que sorprendió aún más a su esposa: Flores pidió ir a la iglesia.

Era lunes—normalmente una noche en que no hay servicio de adoración—pero la iglesia estaba organizando una proyección especial de una película cristiana. Al terminar la proyección, se hizo una invitación para responder al evangelio.

Flores se acercó al altar, inclinó la cabeza, empezó a llorar y clamó a Dios, poniendo su fe en Cristo. Entre las palabras que dijo esa noche estaban precisamente las que había visto impresas afuera de su casa durante tanto tiempo: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”.

Después de mudarse a McAllen, Flores y su familia asistían a una iglesia bautista hispana. Durante varios periodos de transición pastoral, le pidieron varias veces que ayudara a dirigir la congregación temporalmente. En el 2005, empezó a estudiar para el pastorado y teología. Tres años después, en noviembre de 2008, él y Faustina llegaron como visitantes a la FBC McAllen. Lo invitaron a dar una clase sobre el matrimonio, y cuando el ministerio hispano pasó por una transición más tarde, quedaron unas 12 personas.

Siguieron reuniéndose como un grupo de estudio bíblico en español. De doce, poco a poco se convirtieron en docenas. En un momento, la congregación llegó a tener aproximadamente 100 personas. El 3 de junio de 2018, Flores fue ordenado y empezó a pastorear formalmente a la congregación de habla hispana en la FBC McAllen.

Entonces llegó la pandemia. Al igual que muchas congregaciones, el ministerio sufrió pérdidas importantes. Para el 2022, Flores recuerda que quedaban unas 20 personas. Hoy, se reúnen unas 60. El crecimiento ha sido suficiente para que la congregación se prepare para mudarse a un espacio más grande dentro de las instalaciones de la FBC McAllen.

Daniela, la hija del pastor Vidal Flores, y su yerno, César, posan con sus hijos, el pequeño César y Arianna, junto a una foto de su hija Natalia, que partió con el Señor el 11 de octubre de 2022. FOTO COMPARTIDA

El amor de Cristo a la vista

Flores no habla de la fidelidad de Dios sólo en términos de experiencias que salieron como él esperaba.

En el 2020, después de una de las varias cirugías cardíacas a las que se había sometido, su familia comenzó otro camino difícil. Una de sus nietas empezó a caerse con frecuencia y a mostrar síntomas preocupantes.

Los doctores descubrieron un tumor cerebral inoperable y le dieron a la familia un pronóstico de 12 a 18 meses. La noticia desató una cadena de oración que, según Flores, llegó a creyentes en diferentes partes del mundo.

La niña falleció el 11 de octubre de 2022, pero Flores recuerda que, incluso durante su enfermedad, la fe de su nieta conmovió a quienes la rodeaban. En una ocasión, antes de que la llevaran a recibir atención médica, fue ella quien pidió a todos que se detuvieran y oraran primero. Tras su muerte, la gente siguió compartiendo con la familia cómo su vida los había impactado.

Para Flores, experiencias como esa han profundizado una convicción que busca transmitir a la congregación: la fidelidad de Dios no significa la ausencia de sufrimiento, sino más bien aprender a confiar en Él incluso en medio de él.

Después de 35 años de seguir a Cristo, Flores puede mirar a su familia y ver que ese versículo bíblico de Josué, que durante tanto tiempo estuvo colgado afuera de su casa, se ha cumplido de una manera inesperada. Su hermano es pastor. Su hijo mayor también es pastor. Otro de sus hijos trabaja en el departamento técnico de la iglesia. Faustina sigue sirviendo a su lado.

Hoy, Flores quiere que la FBC McAllen en Español transforme también a las familias de la comunidad a través de la enseñanza de la Palabra, la predicación del evangelio, la búsqueda de los perdidos y asegurándose de que, mucho antes de que alguien decida quedarse, pueda experimentar el amor de Cristo.

Para Flores, la forma en que su esposa lo alcanzó sigue influyendo en cómo la iglesia busca alcanzar a los demás.

“[Una vez] le prohibí que hablara de Cristo”, dijo Flores, “pero ella me mostró el amor de Cristo”.

Correspondent
Arlene Sanabria
Southern Baptist Texan

Why regenerate church membership matters

Blake White is lead pastor of South Side Baptist Church in Abilene. This article, originally published through Southwestern Seminary’s Equip The Called, is an adapted excerpt from his book, What is a Baptist? Regenerate church membership ...

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